Son muchos años viajando por la carretera de camino a mi pueblo. Uno de sus tramos siempre estuvo bordeado por un pequeño pinar que fue plantado cuando yo tenía unos 15 años. En realidad el pinar estaba formado por 8 hileras de pinos, pero suficientes para suavizar la dureza de la carretera.
Muchas veces me preguntaba sobre lo que habría detrás de esos pinos que habían crecido y no dejaban observar a su través. En uno de mis últimos viajes había obras para ampliar los márgenes de la carretera, imagino que para desdoblar la vía aunque no hay ningún cartel que lo anuncie, y la mayoría de los pinos habían sido talados y formaban enormes pilas al borde de la carretera. Sólo quedaban anclados al terreno cuatro miserables árboles dispuestos en fila india que dejaban ver lo que había detrás. De regreso a casa, no pude resistir la tentación de parar el coche al margen de la carretera y adentrarme en la tierra arada para observar el paisaje tras los pinos.
Llovía un poco y tuvimos que refugiarnos rápidamente en el coche, pero hubo tiempo suficiente para plasmar en esta fotografía lo que vi. Estaban intactos los campos que recordaba de mi infancia.



