Es una pequeña ciudad de "caractère" en el Departamento de Morbihan, en la región de Bretaña. Las calles de esta localidad, ganadora en 2006 de 4 flores en el concurso "villes et villages fleuris", albergan numerosas muestras de arquitectura de los siglos XVI y XVII, lo que le vale estar incluida en la lista de los pueblos más bellos de Francia. En la foto bañada por el sol del amanecer.
Aquí tomamos nuestra primera galette, una especialidad gastronómica de la región francesa de Bretaña. Se trata de una variante de las crêpes en la que se utiliza para hacer la masa harina de trigo sarraceno (de color negro) en lugar de la de trigo candeal. Normalmente se rellenan con ingredientes salados (la más tradicional tiene jamón, queso, setas y un huevo) reservando las crêpes para los postres. Acompañada, como no, de una botella de sidra que se bebe, al contrario que en Asturias, sin escanciar.
La Collegiale de Notre Dame de Tronchaye, del siglo XII, una de las más bellas de la región.
En el interior unas fantásticas vidrieras, como la de la imagen. Tuve que hacerla a pulso porque en ese momento no llevaba el trípode, pero creo que sirve para apreciar su belleza.
En fin, un pueblo que te hace sentir en una época pasada. Si alguna vez viajáis a Bretaña, haced un esfuerzo por visitarla. Merece la pena.
Es una población medieval ubicada en la región de Pays de la Loire, que está rodeada por una gruesa muralla del siglo XV prácticamente intacta, como si el tiempo no hubiese transcurrido por ella. Para acceder al interior de la zona amurallada es aconsejable dejar el coche en el exterior y hacer la visita a pie.
Lo primero que admiramos son las puertas fortificadas, de paso obligado para entrar en la ciudad, un lugar lleno de historia, con calles adoquinadasy construcciones de antiguos edificios, además de la bonita colegiata de Saint Aubin, en la plaza central.
Una de las puertas laterales de la catedral de Saint Aubin.
Unas minúsculas figuras en hierro forjado, con representaciones de diversos oficios, adornan uno de los laterales de la catedral.
A pesar de su belleza la ciudad es más conocida por las salinas y la sal procedente de las mismas, que todavía se cultiva con métodos tradicionales celtas (en los bordes de las salinas cultivan hierbas aromáticas que aromatizan la sal en el momento de recogerla). En los alrededores hay un museo de la sal, donde se puede aprender algo sobre la sal de Guérande, conocida como la mejor sal del mar.
Población francesa situada en el Departamente del Loira Atlántico que, en su día, fue importante y próspero puerto gracias a la pesca y al comercio de la sal. Hoy convertido en balneario y terrazas donde soñar el mar. Se trata de un lugar para perderse y descansar.
Sus antiguas casas nos dan idea de la prosperidad de la villa en el pasado.
Las flores, siempre presentes en las calles. Cualquier lugar es bueno para la ornamentación floral.
Durante unas horas, la marea deja los barcos en el dique seco.