Regresando de Oviedo hicimos un pequeño alto en el camino para visitar la hermosísima catedral y, especialmente, para ver sus vidrieras. Entre misa y misa nos dejaron visitarla durante 5 minutos escasos, y no estaba permitido hacer fotografías (jo, me echaron una bronca como en ningún sitio y eso que disparé una a pulso y sin flash. No quiero pensar si llego a desplegar el trípode y todo eso). Algo desorientados decidimos recorrer un poco (mediodía y hacía bastante calor) las calles del casco y tomarnos una cañita.
En nuestro recorrido llegamos a la plaza de Santo Domingo, que es el epicentro de la ciudad, y también punto de separación entre el casco antiguo y la parte moderna. La plaza no es nada especial, pero en uno de los lados hay esta enorme escultura desnuda que reposa sobre el asfalto: El gigantón la llaman.
Y seguimos nuestro camino en la dirección que la figura nos señalaba.











