Bajo un cielo de plata y ceniza, la Colegiata de Santa Juliana emerge como un susurro de piedra dorada. Sus ábsides románicos, curvas de una eternidad serena, custodian el tiempo entre sombras heráldicas y adoquines mudos. Es el corazón de una villa donde la historia no pasa, sino que habita.
2 comentarios:
Bajo un cielo de plata y ceniza, la Colegiata de Santa Juliana emerge como un susurro de piedra dorada. Sus ábsides románicos, curvas de una eternidad serena, custodian el tiempo entre sombras heráldicas y adoquines mudos. Es el corazón de una villa donde la historia no pasa, sino que habita.
Saludos
Gracias Joselu, por pasar y por dejar este hermoso comentario.
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